Hoy hablaré sobre la anécdota que me está sucediendo y que seguro que a todos los que tenéis un negocio os ha pasado. De hecho, esta situación muchas veces pasa incluso con las parejas.

Hace unas semanas hablé sobre el cierre de mi negocio. Si no leíste el post te invito a que te pases por ahí antes para entender mejor esta entrada de blog.

Tomé la decisión de cerrar el negocio y ahora mi vida tiene otro rumbo muy diferente. Incluso estoy en otra ciudad trabajando. Pero vinieron los clientes de golpe resucitados de entre las cenizas provocadas por el coronavirus.

Desapegarse del pasado para avanzar

Al igual que cuando una pareja se separa, comienzas una nueva vida, conoces a alguien nuevo y de repente cuando estás en el altar aparece el exnovio diciendo estoy aquí, haz algo. Y tu te preguntas ¿Haz algo? ¿en serio? ¿Pero qué? ¿No había otro momento? ¿tú que me dejaste ahogar ahora te presentas? Pues sí. Se presentan pensando que nada ha cambiado, que la covid no ha hecho mella, que no ha pasado nada. Pero sí, sí que ha pasado. 

¿Y entonces qué? ¿Hago algo y volvemos a lo mismo? ¿A ese juego, a esa inseguridad, a que esté disponible las 24h del día para ti? ¿Volver a esa montaña rusa de emociones? ¿Volver pensando que nada ha pasado y que aquí paz y después gloria? ¿No te has dado cuenta de que he cambiado?

Desapegarse del pasado para avanzar es la clave, tanto con las parejas, como en el mundo de los negocios.

Aprender a decir que no a clientes

Qué bien sienta decir que no cuando ya sabes que vas a cerrar el negocio. Puedes incluso pensar de tu cliente que tuvo su oportunidad y esa ya pasó. -Lo siento, pero no te necesito.- dan ganas de decir.

Aprender a decir que no a clientes da mucho miedo. Sobre todo porque cuesta mucho conseguirlos y hacerlos fieles. Pero yo me siento como el día que dije hasta aquí y cerré el violín con una sonrisa al público. Para decir que no hay que ser independiente y tener un as en la manga.

Las decisiones de cerrar el negocio no se toman de un día para otro

Nadie se desenamora de un día para otro, una flor no se marchita de un día para otro. Es un proceso, un proceso muy meditado que sale poco a poco como la lava y se solidifica.

Quizás el resto no se dan cuenta, porque van a lo suyo, porque van en piloto automático, porque van como pollo sin cabeza, pero se nota… se va notando… se nota cuando se muere la pasión, cuando se mata poco a poco la energía y crece esa otra roca, la idea de decir hasta aquí hemos llegado.

La idea de cerrar un negocio o un proyecto

Dejar de tocar el violín me llevó mucho tiempo, pero por fin la tomé en febrero de 2018 y la llevé a cabo en julio de ese mismo año. En el caso del negocio la empecé a meditar en abril de 2020 y en mayo de 2021 la tomé en firme, para llevarla a cabo en septiembre de 2021. 

Ahora todo el mundo parece muy sorprendido, incluso entristecidos y ojipláticos cuando les cuento cual es mi nuevo camino. ¿Será el adecuado? No lo sé, sólo el tiempo lo dirá.

No se puede estar toda la vida a ver si un negocio funciona o no funciona, dándole oportunidades hasta que se te haya ido tu propia vida. O funciona o no funciona, y si no funciona hay que cerrarlo.

Recuerda, no te enamores de tu logo.