Por el interés, te quiero Andrés

El refrán popular español Por el interés, te quiero Andrés, según el Instituto Cervantes, se suele referir al egoísmo. Además, habla de que éste es el motivo por el que junto a la persona poderosa haya siempre mucha gente.

No nos engañemos, las relaciones comerciales son relaciones interesadas. Dale un giro a la manera de hablar, para ser más políticamente correcto. Dale un giro a la manera de escribir, para obtener el ansiado «engagement» del posible cliente.

Le des el giro que le des, se llama marketing y no hay más que hablar. Píntalo cómo quieras, pero las relaciones comerciales se realizan entre personas; y entre personas siempre, SIEMPRE, hay un por el interés, te quiero Andrés.

No todo el interés es sinónimo de dinero

Aunque pensemos que por el interés, te quiero Andrés supone una búsqueda de dinero, me gusta diferenciar entre varios tipos de intereses que se basan en obtener algo que la persona interesada no tiene.

¿Qué tiene que tu no tengas? Poder. Que se puede traducir en varias cuestiones como

  • Dinero
  • Carisma
  • Estatus
  • Valentía
  • Seguridad
  • Visibilidad
  • Afecto
  • Atención
  • Consejo
  • Empatía
  • Y un larguísimo etc.

Esto puede dar respuesta a por qué muchos proveedores (o colaboradores) se arrastran hacia sus clientes y toleran determinadas actitudes con tal de obtener aquello que quieren o necesitan, que aún no tienen y que piensan que la otra empresa o persona le va a dar.

¿Cómo obtener libertad con tus clientes?

Llega un punto en el que hay que pensar en no ser tan esclavo de los clientes (y de las personas). Obtener libertad es sinónimo de quitar poder. Eliminas el poder cuando identificas qué es lo que necesitas y te lo das tu mismo.

Por ejemplo, si necesitas facturar más la necesidad es de liquidez. Si necesitas liquidez de forma inmediata, es porque ha habido una mala planificación financiera, tienes pocos clientes, las expectativas sobre tu negocio no han sido reales y, en definitiva, necesitas un planteamiento y organización diferente desde el punto económico y financiero.

Veamos otro ejemplo. Si haces jornadas interminables la necesidad está relacionada con la organización de prioridades, el tiempo y establecer límites.

Sentarse en la mesa con papel y boli planteando estas cuestiones nos trae a tierra y hace que dejemos de mentirnos sobre nuestro negocio. Quizás no sea un negocio tan rentable como pensábamos y debamos: o subir nuestro caché (eliminando a los clientes que no aportan suficiente valor a nuestro producto o servicio); o quizás sea la hora de contratar a más personal (o un colaborador) que nos ayude con la sobrecarga, para lo cual debemos aprender a delegar.

¿Es egoísmo?

Si nosotros hemos crecido, tenemos más experiencia y en definitiva, más cosas que aportar a nuestros clientes, dejar atrás a aquellos que no nos valoran es la solución para evitar un lastre. Ellos tienen un interés, que es muy loable, pero nosotros también tenemos el nuestro (que es avanzar a mejor).

No sé si llamarlo egoísmo, supervivencia, o mejoras. Pero poner límites y explicarles las nuevas políticas comerciales es muy sano. Por un lado, porque nos dejará avanzar en la dirección que queramos; por otro, dejaremos de «engañar» a nuestro cliente ofreciendo algo con lo que no estamos conformes (servicio/producto por un precio que no se corresponde).

Si tienes dudas con tu negocio y buscas asesoramiento no dudes en contactar y estaré encantada de ayudarte.